Adolescentes & friends

La palabra Adolescencia deriva del verbo latino “adolescere” que significa crecer, desarrollarse o ir en aumento. Si preguntáramos a un español medio qué franja de edad comprende la adolescencia, seguramente  le llevaría un rato darnos una respuesta concreta y, en muchos casos, nos diría no estar seguro de la misma. Los angloparlantes, muy aficionados a los juegos de palabras, lo tienen, en principio, más claro; los adolescentes son los de la edad “teen” (teenagers), aquellos cuya edad termina en ese sufijo, es decir, desde los trece (thirteen) hasta los diecinueve años (nineteen). Naturalmente, los límites tanto inferior como superior son diferentes en cada país, sociedad, persona, sexo, etc., además de haber sido cambiantes a lo largo de la historia.

Los niños tienen a los padres como centro de su pequeño universo, dependen de ellos para todo y representan su referente, prácticamente único, de actuación. Inician en la guardería y el colegio relaciones poco estrechas con otros niños de su edad, destinadas a participar en juegos y en un conocimiento mutuo del cuerpo y sus límites. Cuando llegan a la adolescencia sus amigos (o amigas, naturalmente, válido para todo el artículo) pasan a un lugar preponderante. Los padres siguen ostentando el poder y control, gestionan sus necesidades y toman las decisiones, pero los amigos progresivamente se van convirtiendo en una fuente importante de información y experiencias, y, en muchas ocasiones, en una referencia de cómo actuar.

Como padres tenemos que crear y potenciar para nuestros adolescentes lo que en psicología denominamos los factores individuales de protección, es decir, la existencia de condiciones que favorezcan el desarrollo de conductas saludables que conduzcan a la responsabilidad, autonomía y sentido crítico que protejan al joven de conductas inadecuadas o conflictivas. Sin entrar en demasiado detalle, estos factores individuales se pueden clasificar en tres grupos: individuales (e.g. autoestima), familiares (e.g. progresiva cesión de responsabilidades) y sociales (e.g. el deporte). Los ejemplos expuestos, que vienen a colación del tema de este artículo, favorecerán, entre otras cosas, unas relaciones sanas y beneficiosas con amigos.

Adicionalmente, cuando nuestros hijos pasan de niños a adolescentes tenemos que darnos cuenta que nuestra forma de relacionarnos con ellos tiene que cambiar. Están ya mucho menos tiempo con nosotros y los amigos, esas figuras que hasta ese momento estaban en segundo plano, amenazan con usurparnos parte del control. La nueva estrategia nunca puede pasar por cambiar nuestro rol de padre (o madre, naturalmente) a amigo o amiga. Siempre seremos sus padres; podrán tener más o menos confianza con nosotros pero nunca seremos sus amigos porque la relación no es entre iguales. Si tenemos claro el papel que nos toca representar en esta obra de teatro que es la vida (son muchas obras de teatro a la vez; en otras somos hijos, hermanos, …), va a ser más fácil encarnarlo adecuadamente.

No podemos ser amigos de nuestros hijos pero sí podemos saber quiénes son los suyos; sus nombres, etc., aprovechando cualquier oportunidad que tengamos para conocerlos con más profundidad. Naturalmente, nuestro conocimiento y relación con ellos debe fluir con normalidad para conseguir el mejor resultado. Este periodo de cuarentena en el cual tenemos más cerca y por más tiempo a nuestros hijos, puede resultar el momento propicio para conocer a través de ellos a sus amigos.

La adolescencia siempre ha sido para la literatura y el cine una fuente inagotable de inspiración en la que recrear la evolución, el despertar y la identidad sexual, el amor, la rebeldía y una lista interminable sobre todo lo que son y sienten los adolescentes. Es inusual que aparezcan solos, porque en ese crecer, los amigos siempre están cerca y el despertar al mundo se realiza siempre en grupo. La excelente película danesa “En un mundo mejor” de la directora Susanne Bier, retrata los límites peligrosos que dos adolescentes pueden cruzar ante el completo desconocimiento de los padres de la situación. En otras películas los riesgos de los jóvenes se producen en ambientes de marginalidad, drogas, etc.; no siempre es así, muchas veces el peligro está en la cotidianidad, mucho más cerca.

Estamos en tiempos de confinamiento, y, al igual que los adultos echamos de menos nuestras relaciones sociales habituales, nuestros hijos adolescentes notan la falta de ese contacto cercano con sus amigos, sustituido tímidamente por el trato a través de las redes sociales. Sus amistades pueden ser peligrosas o benefactoras en esa etapa crucial para su futuro que es la adolescencia. Seguramente la mayoría de sus amigos no estén en ninguno de estos extremos pero un conocimiento lo más cercano y profundo de los mismos nos ayudará a guiar a nuestros hijos por camino más adecuado. Y recordad, vuestro hijo también es el amigo peligroso o benefactor de otros adolescentes.

En Proyecto Joven, perteneciente a Proyecto Hombre, somos especialistas en adolescentes. Nuestro equipo de terapeutas con amplia experiencia puede ayudaros a los padres y a vuestros hijos con los diferentes programas que tenemos en funcionamiento. Poneros en contacto con nosotros, si lo necesitáis, y estaremos encantados de atenderos: proyectojovenburgos@sarenet.es y 947 461083.

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Link de Wikipedia de la película “En un mundo mejor”

https://es.wikipedia.org/wiki/H%C3%A6vnen

 

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