DESESCALADA Y ZONA DE CONFORT

 

La gente no puede descubrir nuevas tierras hasta

que tenga el valor de perder de vista la orilla.

André Gide

 

Mucho se ha venido hablando durante esta pandemia que ha provocado un estado de alarma y un confinamiento que nos ha llevado a restringir al máximo nuestras relaciones sociales, el contacto físico con los demás, el hacer actividades como ir al gimnasio, estar en un club de lectura, academias de idioma, cursos de cocina, etc.  Sin embargo, hay un grupo de personas de las que no se ha hablado y que también son parte de esta situación. Son aquellas personas que han encontrado en esta situación de restricciones un alivio maravilloso, para no tener que estar obligados a lo que ellos no querían, pero que la sociedad les exigía, que era que fuesen seres más sociales y sociables, que hicieran cosas, que se apuntara a actividades, etc. Así que lo que unos ansían que llegue, el fin del estado de alarma y vaya pasando esta crisis sanitaria por el coronavirus, recuperando la normalidad, otros podrían vivirlo con angustia, porque deberán volver a enfrentarse a unas exigencias sociales que les hacen vivir con incomodidad.

Qué consecuencias puede traer la presencia de ansiedades sociales a la hora de volver a enfrentarse a una demanda continua, a la que se responde más por agradar a los demás que por la necesidad personal de hacerlo. Pues la vuelta a aflorar dificultades que durante el confinamiento han estado adormecidas, no dándose la necesidad de afrontarlas, no porque estuvieran superadas y desaparecidas. El pensar que un problema se ha solucionado porque durante una larga temporada uno no ha tenido la necesidad de hacerle frente, es un error que habitualmente se comete. Esto simplemente significa que no se han dado las circunstancias en la que la dificultad se hace más evidente, pero lejos está de haberse superado dicha dificultad.

Generalmente, el avance en la recuperación de ciertas libertades, estas personas podrían vivirlas con recelo y sobre todo con mucha incomodidad, la incomodidad de ver que el espacio y tiempo en el que nadie ni nada les ha demandado y que han convertido en su espacio de seguridad, de comodidad, va perdiéndose hacia la transición a un espacio más amplio, más inseguro.

Las personas tenemos una zona de confort en la que nos manejamos y nos sentimos cómodos. La zona de confort podría definirse, de manera coloquial como se recoge en wikipedia, como el estado de comportamiento, en el que la persona opera en una condición de ansiedad neutral, utilizando una serie de comportamientos para conseguir un nivel constante de rendimiento, sin sentido del riesgo. Esta zona de confort varía de unas personas a otras, y en la misma persona puede ser susceptible de cambios. En ocasiones, aprendemos a estar cómodos en nuestro espacio, sin ser conscientes de la poca amplitud del mismo, y nos acostumbramos a no relacionarnos, a casi no comunicarnos, a hacer lo estrictamente necesario, convirtiéndonos en personas aisladas dentro de un contexto normalizado, en el que desarrollamos acciones para cubrir algunas necesidades, como ir al trabajo, ir a la compra, mantener conversaciones cortas,… Acostumbrarse a funcionar así, trae el refuerzo inmediato de estar tranquilos emocionalmente, pero a largo plazo, empieza a generar problemas, ya que bien por las demandas sociales o bien porque uno mismo se hace consciente de ello, esta situación empieza a tornarse incómoda. De repente, vemos que ya no somos capaces de iniciar conversaciones o mantenerlas, nos vemos incapaces de participar en grupos sociales, porque tenemos la sensación de no saber estar, somos incapaces de participar en quedadas de antiguos alumnos, en comidas de empresa, …, de manera que cada vez vamos siendo más solitarios y nuestra ansiedad a afrontar todo lo social va aumentando.

Algunos aspectos podrían servir de señales para que la persona identifique si tiene una vida limitada a su zona de confort. La desmotivación general, el vivir inmerso en una rutina con la sensación de miedo a ir afrontando riesgos mínimos, la sensación de aislamiento y la sensación de tristeza y en algunos casos también soledad, pudiendo llegar a ser un problema de mayor gravedad.

En nuestro centro de atención a personas con adicciones, observamos que esta ansiedad social está muy presente. Generalmente, las personas consumidoras de sustancias, aprenden a manejarse en un ambiente efímero en el que las relaciones están mantenidas por el consumo de la sustancia que se consume. Sin embargo, cuando la persona decide cambiar de estilo de vida y entrar en un proceso de deshabituación de tóxicos, se ve en la tesitura de no saber relacionarse desde la normalidad, presentando ansiedad por todo lo social. El trabajo terapéutico de este aspecto, el apoyo del equipo terapéutico en la escucha de estas dificultades y el acompañamiento en el avance de ampliar la zona de confort, de cara a hacerla más adaptada a las demandas sociales, es un aspecto clave en los procesos terapéuticos que abordamos desde Proyecto Hombre Burgos. www.proyectohombreburgos.com

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