TIEMPO PARA UN PROCESO DE CAMBIO PERSONAL

 

                                                                                                                                                El poder de cuestionar es la base de todo progreso humano

                                                                                                                                                                                                                                 Indira Gandhi

 

El anhelar tiempo para hacer cosas que tenemos pendientes es una característica con larga tradición en el ser humano. Ahora, de una manera inesperada, nos ha sido regalado ese “tiempo”, ese paréntesis que siempre pedimos para poder hacer aquello que queda pendiente. La mayoría de las personas están dedicando este hacer a cosas externas: ordenar armarios, aprender a cocinar, limpiar, hacer manualidades, hacer deporte, aprender a tocar un instrumento, …, entre otras opciones. Sin embargo, hay personas que no terminan de encontrar un estado de calma con ir cumpliendo con todos estos quehaceres, entrando o manteniendo el estado de queja, …, quizá porque el foco del hacer lo ha situado en lo externo, cuando la realidad es que el foco de “este trabajo pendiente para el que se necesita tiempo” debe ser mirar hacia sí mismo y analizar qué nos hace estar en la queja, de esta manera nos daremos la opción de cambiar, de hacer algo por nosotros mismos.

Estar y mantener un estado de queja contribuye a que la persona se ancle en argumentos para depositar la culpa de cómo está y de cómo se siente, en definitiva, de sus problemas, en lo externo, en lugar de hacer un ejercicio de conexión con uno mismo, tomar conciencia de qué le está ocurriendo y hacer el esfuerzo por salir de este estado, empezando a poner los cimientos para estar mejor.

La queja nos debilita emocionalmente y se hace mayor cuanto más negativos, emocionalmente, nos encontramos, entrando así en un círculo vicioso de emocionalidad y pensamientos negativos y posterior magnificación de la queja. En ocasiones, la queja en un primer momento, puede servir de desahogo emocional, la persona se expresa y toma conciencia de que hay algo que le preocupa, molesta, le interfiere, … Sin embargo, la queja en otras ocasiones no llega a expresarse, siendo lo que conocemos como una queja cognitiva, que se manifiesta a modo de rumiación del pensamiento negativo. Independientemente de que la queja se haga manifiesta o no, es importante no darle continuidad entrando en una dinámica tóxica para uno mismo y para con los demás. La queja, y por extensión, el malestar emocional, debería servir para que uno se pare y se mire, se escuche e inicie un proceso de conocimiento personal que le permita dar respuesta a su malestar (expresado en forma de queja: contra la pareja, contra la familia, contra el trabajo, contra el mundo en general,…). Por lo tanto, este tiempo de confinamiento podría sernos útil para darse una vuelta por dentro de uno mismo y empezar a cambiar aquellas cosas que no están del todo bien, a las que estamos acostumbrados e incluso se nos puede hacer cómodo funcionar con ellas, pero en el fondo, este funcionar, este “ir tirando”, no tiene correspondencia con sentirse y estar bien con uno mismo, psicológicamente hablando, o incluso físicamente, cuando el malestar emocional hace que la persona somatice.

Conociendo que esto ocurre, es importante que reflexionemos sobre cuan poderosos son los hábitos y las costumbres que nos llevan a repetir y repetir, aún cuando supone un perjuicio para uno mismo y cuan orgulloso puede llegar a ser el ser humano, que se resiste a cuestionarse que uno mismo pueda estar equivocado en cómo hace y actúa. Sería bueno que fuéramos capaces de ser compasivos con nosotros mismos y fuésemos capaces de darnos la oportunidad de cambio, de permitirnos cuestionarnos si vemos que lo necesitamos, como en algún momento dijo el cómico Charles Chaplin “No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen estrellas”. Parte de esta afirmación, podemos cuestionarla, cuando plantea que no debemos tener miedo. Tenemos claro que los sentimientos no se discuten y el miedo puede estar presente en cada uno de nosotros. Sin embargo, es importante que ese miedo no interfiera de manera negativa, no nos paralice ni dificulte el proceso de cambio, sino que sea un miedo que nos acompañe y nos permita ser cautos en el abordaje de este proceso de cambio personal.

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